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CURADURÍA 
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  • Foto del escritor: ambarpurcell
    ambarpurcell
  • 23 dic 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 24 dic 2025

El estudio de Ángel Cintado está en la calle Francos, una de esas calles de Sevilla que siempre me han parecido un pequeño milagro.


Me recibe abajo, en el portal, con una sonrisa amplia y esa sensación tan bonita de reconocer a alguien, aunque sea la primera vez que nos vemos. Subimos por unas escaleras estrechas, de azulejos antiguos, y al llegar al primer piso el espacio se abre: paredes verdes, cuadros, esculturas, objetos encontrados. Un paraíso para quien ama el arte.



La luz entra con suavidad por la galería. Sobre la mesa de trabajo, papeles de colores, recortes y formas a medio camino entre lo que fueron y lo que están a punto de ser. Todo parece en proceso. Todo está vivo.



Desde el primer momento algo es evidente: Ángel tiene una sensibilidad que se percibe sin esfuerzo. En la manera de mirar, en la forma de hablar, en cómo ha construido este espacio. Cada objeto guarda una memoria, una vida anterior. El estudio no acumula cosas: acumula tiempo.Comenzamos a charlar.



Ángel empezó a trabajar con el collage en un momento personal delicado. Venía de un problema de salud y necesitaba sanar, despejar la mente, abrirla. «Me sirvió un poco como terapia», me dice. El collage apareció casi sin buscarlo: recortar, recomponer, unir fragmentos, dar una nueva vida a imágenes que ya existían.


Y quizá ahí esté la clave.


El collage como gesto de transformación. Aceptar el cambio, la grieta, el riesgo. Trabajar desde el color y el juego. Hacer con las manos lo que la vida pide por dentro: volver a armar(se).



En el verano de 2020, en Punta Umbría, realizó su primer collage a partir del catálogo de una exposición colectiva. Desde entonces comenzó a experimentar sin reglas claras: probó, se equivocó, volvió a empezar. «No tenía ni idea de lo que era el collage», reconoce.


A finales de ese año llegó su primera exposición: una intervención urbana repartida por distintos comercios del centro de Sevilla. En plena pandemia, los escaparates se convirtieron en espacios expositivos abiertos, visibles incluso cuando todo lo demás permanecía cerrado.


En 2021 llegó otro hito: el encargo del cartel del Triduo para la revista La Muy. Inspirado por una exposición de Magritte, trabajó la fragmentación, la imagen que se rompe para mostrar algo nuevo. «No quería encasillarme, sino seguir experimentando».



Hoy, su trabajo sigue moviéndose en ese mismo lugar: el de la búsqueda. Ángel no crea para gustar ni para encajar. «Lo hago porque me divierte». Porque le da sentido. Su estilo es libre, intuitivo, siempre en diálogo con referentes como Kandinsky, Klee, Goya o Matisse.


También en su forma de trabajar aparece una constante: reutilizar. Marcos antiguos, materiales encontrados, objetos descartados que vuelven a cobrar valor. «Me gusta descubrir el valor en lo que otros no han valorado». El reciclaje no es solo una técnica, es una forma de estar en el mundo.



Cuando pienso en su obra, vuelvo a la idea inicial: el collage como acto de reconstrucción. Fragmentos que se unen para contar algo nuevo. Y entiendo que, en el fondo, su trabajo habla de eso: de reinventarse con lo que hay, de aceptar la grieta, de encontrar belleza y color en lo que se rompe.


Antes de irme, el estudio se queda lleno de fragmentos.


Algunos ya encajan.

Otros esperan.

Todo permanece en movimiento.

Como su obra.

Como él.




 
 
 

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